¿Por qué no vivimos el presente?

Este es un extracto del libro titulado "La sabiduría de la inseguridad" de Alan Watts, que por cierto he enlazado para leerlo en el menú " DESCARGA DE TEXTOS RECOMENDADOS." a la derecha de la página.

Para que el animal sea feliz le basta que pueda disfrutar del momento presente, pero el hombre difícilmente se siente satisfecho con eso. Le interesa mucho más tener recuerdos y expectativas placenteras, sobre todo las últimas. Cuando las tiene aseguradas, es capaz de soportar un presente en extremo desgraciado. Sin esta seguridad, puede ser extremadamente desgraciado en medio de un placer físico inmediato.


Este es el problema humano característico. El objeto del temor puede que no sea una reacción del futuro inmediato. Puede ser el problema del alquiler a pagar el mes próximo, la amenaza de una guerra o un desastre social, la dificultad de ahorrar lo suficiente para la vejez o la muerte. Este «aguafiestas del presente» puede que ni siquiera sea un temor por algo futuro,sino algo del pasado, el recuerdo de un agravio, algún delito sin discreción, que acosa el presente con un sentimiento de enojoo culpabilidad. No es posible ser feliz en el presente a menos que el pasado se haya «limpiado» y el futuro sea brillante y prometedor.


Esta clase de vivir en la fantasía de la expectativa más que en la realidad del presente es el problema especial de esos hombres de negocios que viven únicamente para producir dinero. Son muchísimas las personas adineradas que entienden mucho más de hacer dinero y ahorrar- que de usarlo ydisfrutarlo. No logran vivir porque siempre se están preparando para vivir.

Conciencia individual y conciencia universal.

¿Qué es la conciencia?, ¿por qué la ciencia no acaba de explicarla?, ¿De donde sale la conciencia?, ¿Es una conciencia individual? ¿Tienen conciencia los animales o las plantas? ¿Es una parte de una conciencia universal?.

Esta es una entrevista a la Doctora Thérése Brosse que perteneció a la Sociedad Teosófica y a la UNESCO, experta en el estudio del yoga sobre el cuerpo y entre otras cosas, jefa de Cardiología en la facultad de Medicina de París... una mujer que después de su acercamiento espiritual a Krishnamurti, siguió sus pasos de independencia y como él, también las abandonó.

ENTREVISTA

Pregunta. ¿Por qué se interesó en un dominio tan controvertido, considerado incluso metafísico, como el de la conciencia?


Respuesta. Todo comenzó en 1934, cuando era jefa de Cardiología Clínica en la facultad de Medicina de París, en donde realizaba registros eléctricos de anomalías del aparato circulatorio. Allí pude observar que una actividad mental simple originaba una regularización cardiovascular, mientras que si el paciente era conmovido por el miedo a no realizar una tarea más difícil, los desórdenes se acentuaban. Sabiendo que las emociones venían del diencéfalo y que el estado intelectual estaba en relación con la corteza-cerebral, era evidente que la puesta en juego, desde el punto de vista estructural evolutivo, regulaba automáticamente y, sin ningún esfuerzo otro inferior (el diencéfalo en este caso). Fue entonces cuando me planteé si no habría un tercer nivel que regulase al intelectual o mental y, por ende, al resto. Esta inquietud fue parcialmente calmada cuando, en tres misiones científicas a la India, efectué registros en los yoguis Y aprecié que ellos trascendían de la dualidad psicosomática: había, pues, un tercer nivel, puramente energético, conocido no sólo hace 7.000 años por los vedas, sino también por los físicos. La conciencia pasó a ser, a partir de ese momento, objeto de mis investigaciones.


“La conciencia es un vacío cuántico”


P. ¿Quiere decir que la física tiene puntos en común con la filosofía oriental?


R. Efectivamente. La conciencia no es más que un vacío cuántico. El físico suizo Lawrence Domash, por ejemplo, afirma que la conciencia pura es la última esencia del universo, comprendido el universo físico. En realidad, la evolución de la ciencia ha descubierto la conciencia gracias a sus experimentos sobre la materia: los resultados de la física cuántica, relativa a ondas y partículas, es exactamente lo mismo que experimentan los místicos en su vida interior. La investigación sobre la naturaleza de partículas menores a los cuantas, descubiertos por Planck, presuponen divisiones cada vez mayores, hasta llegar al dominio de lo universal. En este sentido, el físico Stephan Lupasco ha definido un sistema energético microfísico, que se encuentra en todos los demás sistemas, en todas partes, jugando un papel de catalizador y de, origen mismo del resto de los niveles. Si a ello se añade el hecho de que el estado cuántico de la materia es también tributario de la conciencia del observador, que todo en el mundo es energía y la equivalencia entre materia y energía (ya postulada por Einstein), nos encontramos con un nivel energético supremo y universal. La conciencia, así, ha sido expresada en el lenguaje de las matemáticas como un operador y, en términos cuánticos, como una función de onda. Para la tradición oriental tántrica, en cambio, es una fuerza eterna, que se expresa tanto en el hombre como en el universo; una energía consciente, ya que la conciencia es energía.


P. Pero si la conciencia es energía y es universal, ¿dónde se localiza en el ser humano?


R. El neurofisiólogo, norteamericano Pribran, de la Universidad de Stanfórd, investigando sobre la localización de la memoria en el cerebro, descubrió que no la había, sino que se trataba de una serie de ruedas energéticas, entremezcladas entre sí, portadoras de la información general, que se encontraban en el cerebro, en un campo energético que no tenía límites. Así, llegó a la conclusión de que la conciencia es un holograma, o sea, un dominio o un campo de potenciación y de frecuencia, que está por debajo de un universo concreto. Curiosamente, un premio Nobel de Física, el británico David Bhon, afirma que también universo es holográfico y que origina una serie de imágenes concretas a través de fluctuaciones energéticas. La unión de ambas concepciones holográficas implica, pues, todas las posibilidades energéticas. Por tanto, no importa la localización orgánica de la conciencia, ya que, al tratarse de un holograma, todos los puntos contienen información de la totalidad: lanzando un rayo láser a un punto determinado del cerebro se encuentra información completa.


El cuerpo contiene todos los niveles de conciencia


P. ¿Qué papel juega el cuerpo en dichas manifestaciones energéticas y en el cosmos?


R. El papel del cuerpo es muy importante para el conocimiento de uno mismo, ya que él contiene la totalidad energética de todos los niveles de conciencia que, estando integrados, repercuten los unos sobre los otros: el sistema macrofísico, con los elementos constitutivos de nuestra materia; el sistema biológico de nuestro dinamismo vivo; el sistema psíquico de nuestras emociones y de nuestro intelecto y, por encima de todo, el sistema microfísico de nuestra universalidad y nuestras potencialidades evolutivas (la conciencia). Así, el despertar de la conciencia corporal entre los terapeutas de vanguardia es capital para nuestro período crucial de mutación, en el curso de la cual el descenso en nosotros de la energía cósmica bajo su forma supramental necesitará una transmutación biológica, que será la base de una nueva especie, cuyo cuerpo tendrá capacidad para expresar y sentir su unidad con el cosmos y todos los seres que encierra. Algunos yoguis, por ejemplo, han llegado ya a ello: son capaces, mediante determinadas técnicas, de ir desligando la conciencia nivel por nivel, hasta reintegrarla en lo un¡versal y lo absoluto; son capaces de impedir las fluctuaciones mentales, y así la conciencia se encuentra en el estado propio (los fenómenos paranormales que ello conlleva no son nada del otro mundo). Este desligamiento, de los principios energéticos está de acuerdo con los descubrimientos científicos acerca de la cronaxis de subordinación en el sistema nervioso, donde cada nivel superior regulariza el inferior.


P. Al parecer, la energía biológica se expresa mediante vibraciones. Usted parte de “vibraciones generalizadas” como una manifestación óptima; ¿quiere decir que hay pasos sucesivos, zonas que liberar?


R. Exactamente. La materia es un ritmo; la sustancia (sólida, líquida o gaseosa) es una frecuencia, y la energía vibratoria es la energía de la existencia. Nuestra energía biológica se expresa mediante vibraciones rítmicas, que es posible recoger experimentalmente sobre la superficie del cuerpo, sobre todo en ciertas zonas. Estas modulaciones, que se han denominado ondas periódicas lentas, varían su morfología según el nivel de conciencia del cual emanan, ya que los niveles son jerárquicos: su ritmo es tanto más lento cuanto más elevado es el nivel.


P. ¿Qué trascendencia pueden tener sus investigaciones para las generaciones futuras?


R. Debido al hecho de la estrategia evolutiva de la filogénesis, así como de la ontogénesis, las generaciones nacen con una conciencia cuyo potencial de comprensión es superior al de la precedente; tanto más cuanto su medio social ya es más evolucionado, gracias, sobre todo, a que los métodos pedagógicos han sido liberados de una gran parte de los antiguos tabúes y que el cuerpo de sus progenitores habrá sufrido una transformación vibratoria favorable. Hoy día, que tendemos espontáneamente hacia lo universal, se hace posible, incluso deseable, retornar personalmente al sí mismo que está en nosotros para participar del trabajo en curso. Nuestra época evolutiva en Occidente tiene sed de universalidad. Esto es la consecuencia de un cambio evolutivo natural, del cual me siento partícipe, junto con otros muchos, científicos o no.

Las últimas charlas de Krishnamurti.

Esta es una de las últimas charlas que ofreció Krishnamurti. Nos habla de la sociedad, la educación, la formación de problemas, religiones, el sufrimiento y el conflicto, la belleza, el tiempo... Una charla larga pero completa, una charla donde Krishnamurti vierte toda su sabiduría fruto de su capacidad y su experiencia.

¿Cómo vemos el mundo?

Entender como funciona nuestra mente, entender como busca seguridad y como se refugia en ideas para no ser lastimado, siendo la idea primera del "Yo". Es el camino para desembarazarse de la pesada carga de malos recuerdos, ansiedades, decepciones, miedos, etc.

Cuando Krishnamurti decía "La relación, es el camino hacia el autoconocimiento". Nos muestra que es en la relación cuando podemos entender nuestra forma de actuar, realmente podemos observar nuestra manera de ver el mundo.

Es fácil ver que si somos católicos nos ofende que... por ejemplo un judío... no diga que estamos equivocados.

Es fácil ver que nos enfadamos cuando un equipo de fútbol gana al "nuestro".
Es definitiva lo que quiero decir es que es fácil observar como nos identificamos con cosas externas, pero no lo es tanto cuando la identificación es con ideas, recuerdo, sentimientos internos... resumiendo, aquello que forma el EGO.

¿Cómo vemos el mundo? es siempre una pregunta que me hago. No la respondo, simplemente la dejo en el aire. Pero casi siempre me doy cuenta que existe un pequeño esfuerzo, realmente no veo el mundo, lo miro. Quiero decir que lo observo con cierta intención. Por ejemplo, me esfuerzo en ver los detalles, los colores, sonidos, las aves volando... intento buscar esa belleza que se aprecia cuando el Ego cesa,  y entonces, me doy cuenta que ya estoy callendo en la trampa del Ego. Idealizo un paisaje que recuerdo y lo busco.

En fin, muchas veces pasa esto, siempre que hacemos un esfuerzo es porque detrás hay un motivo, una intención de cambiar lo que es.

Como ya escribí en otro postKrishnamurti nunca dijo como meditar. Porque decir el como hay que meditar es actuar y ajustarse a un patrón, es ajustarse a la idea que nos hacemos de cómo hay que meditar. Es moverse desde la experiencia, desde la idea, es filtrar la realidad por nuestro bagaje. Es actuar desde el YO, con una intención, con un motivo, queriendo conseguir algo y disipando la energía de nuestra atención. 


El método para despertar.

Dentro de la filosofía oriental, y hablando de una manera muy general, podríamos decir que existen dos métodos para despertar, para llegar al nirvana , la iluminación o volver a estar en armonía con el universo.

* Un método nos invita a meditar centrando nuestra atención (concentración) en un punto, en un pensamiento, en una idea u objeto. Los "maestros" nos transmiten varias formas y complejos procedimientos para llegar a comprender "La verdad". Es el método característico de los yoguis de la India y se enseña en las clases de Yoga que damos en occidente. De hecho, es muy común en occidente porque nos es más propio de nuestro pensamiento, nos es más fácil de entender: un esfuerzo igual a un cambio. Nos es más fácil entender un procedimiento, unos pasos a seguir para conseguir un resultado. Y todo esta medido, calculado, sus pautas, e incluso nos da la seguridad de estar actuando dentro de algo conocido y, a veces, institucionalizado. Es como estudiar matemáticas: con el tiempo te familiarizas con las reglas algebraicas para resolver ecuaciones, cuando las comprendes y después de mucha práctica puedes resolver hasta las más difíciles... como he dicho... un esfuerzo para un cambio.

*El otro método es el que nos muestra que la meditación no debe controlarse, no debe haber concentración, sino atención. Si uno está atento, el yo no actúa. Es el método que menos se enseña en occidente, pero en cambio es más propio de la China o Japón. Dentro de este modo de meditación podemos enconcontrar el Tao, Zen y el Budismo primario. Con sabor Taoista, un maestro Zen escribió:

Sigue tu naturaleza y acuerdo con el Tao;
continúa vagando y deja de preocuparte. 
Si tus pensamientos están ligados arruinas lo genuino... 
No te opongas al mundo de los sentidos, 
pues cuando no te opones a él, 
resulta ser igual al completo Despertar. 
La persona sabia no se esfuerza (wu-wei); 
el ignorante se sujeta a sí mismo... 
Si obras con tu mente sobre tu mente, 
¿cómo podrás evitar una inmensa confusión?


Espero os haya gustado este pequeño escrito de un maestro Zen muy sabio... Seng-ts'an



¿Quién es el que sabe? LA EDUCACIÓN.

Recuerdo que cuando iba al colegio, cuando me preguntaba la profesora algo y yo le decía que lo sabia pero no podía explicarlo, ella me decía que entonces no lo sabía. Con el tiempo me di cuenta que era ella la que se equivocaba.
Existe una icomodidad intelectual que experimentamos al tratar de concebir el acto de conocer sin "alguien" que conoce. Pero esto es un error convencional, que nos facilita la comunicación, no es real.

Por ejemplo, si realmente tuviéramos que actuar sabiendo como hacerlo, no nos moveríamos. Si le hubiera preguntado a la profesora como mueve el brazo, para "saberlo" debería explicarme la naturaleza de los nervios, tendones, músculos, la interacción entre estos y la idea, como se forma la idea, que músculos moverá, la energía que utilizará, etc... esto le llevaría tanto tiempo que posiblemente llegaría a la conclusión de que no sabe mover el brazo pero realmente sí sabe moverlo. 

Este es un ejemplo, que explica claramente que no hace falta "alguien" que sepa describir con palabras un hecho para demostrar que lo sabe. Como ya he dicho, se trata de una convención para comunicarse, no algo necesario. Esto me recuerda pues a lo que nos mostraba Krishnamurti, a la necesidad de unir el observador y lo observado. 

Esto es algo raro, algo difícil de entender según nuestra mentalidad occidental, pero el pensamiento oriental ( en especial el chino) capta estas sutilezas. Quizá por eso fue en la parte oriental del mundo donde florecieron "religiones" tan diferentes a las occidentales: budismo, Taoísmo, Zen, y otros menos conocidos.

Buda dijo:

El sufrimiento solo existe, ninguno que sufra;
el hecho solo existe, pero no quien lo haga;
Nirvana existe, pero nadie que lo busque;
el Sendero existe, pero nadie que lo recorra;

Extracto de Allan Watts (El camino del Zen)

Leyendo a Krishnamurti.

Como siempre sucede, descubro leyendo a Krishnamurti una frase, un párrafo o una página entera que me asombra por su claridad, por la sencillez con la que expone una verdad, una realidad tan evidente pero a la vez tan difícil de ver... Estos últimos días he estado leyendo a Krishnamurti (DiarioI), y quiero compartir con ustedes una parte del texto que me parece verdaderamente reveladora e importante.


Cada pensamiento y sentimiento deben florecer para poder vivir y morir; todo debe florecer en uno, la ambición, la envidia, el odio, la alegría, la pasión; en ese florecimiento está la muerte de todo ello y hay libertad. Es sólo en libertad que algo puede florecer, no en la represión, en el control y la disciplina; esto sólo pervierte, corrompe. En la libertad y el florecimiento radican la bondad y toda virtud. No es fácil dejar que la envidia florezca; uno la condena o la fomenta, pero jamás le da libertad. Es solamente en libertad que el hecho de la envidia revela su color, su forma, su profundidad, sus peculiaridades; si se la reprime no se revelará a sí misma en plenitud y libertad. Una vez que se ha mostrado completamente, la envidia cesa sólo para revelar otro hecho, el vacío, la soledad, el miedo. Y a medida que a cada hecho se le permite que florezca libremente, en toda su integridad, toca a su fin el conflicto entre el observador y lo observado; ya no existe más el censor sino sólo la observación, sólo el ver. La libertad puede existir únicamente en la consumación, no en la represión, en la repetición, en la obediencia a un patrón de pensamiento. Hay consumación tan sólo en el florecer y el morir; el florecer no existe si no hay un terminar. Lo nuevo no puede existir si no hay libertad con respecto a lo conocido. El pensamiento, lo viejo, no puede dar origen a lo nuevo; lo viejo debe morir para que lo nuevo sea. Lo que florece tiene que llegar a su fin. Toda existencia implica opción; solo en la madura soledad interna no hay opción. 


La opción, en todas sus formas, es conflicto y contradicción inevitable; esta contradicción, sea interna o externa, engendra confusión y desdicha. Para escapar de esta desdicha, se vuelven necesidades compulsivas los dioses, las creencias, el nacionalismo, el compromiso con diversos patrones de actividades. Habiendo escapado, todo esto llega a ser de primordial importancia, y el escape es el camino de la ilusión; entonces sobrevienen el temor y la ansiedad. La opción conduce a la desesperación y al sufrimiento, y no hay fin para el dolor.   




Espero os haya gustado.

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