El poder de la elección.

En la sociedad en la que vivimos nos es imposible dejar de elegir. Tenemos que elegir que vamos a estudiar, donde vamos a trabajar, que ropa ponernos, que coche comprarnos, etc... La elección forma parte de nuestro vivir cotidiano, y de hecho, se considera como el ejemplo claro de felicidad. A medida que más elijas, más feliz serás, eso es el mensaje que escuchamos y la idea que, desde la sociedad de consumo, nos intentan introducir. Pero me planteo si eso es así, si la elección nos da una felicidad que buscamos.

Por supuesto, si alguien está enfermo y tuviera el poder de decidir no estarlo, en la mayoría de los casos elegiría estar sano, o quizá un poco absurdo, quien elija quitarse de la carretera cuando venga un coche, seguramente sobrevivirá... Eso podríamos considerarlo como elecciones de supervivencia, alto natural e inteligente. Pero si nos damos cuenta, la elección de las opciones van más allá. Elegimos un color, si una película nos gusta o nos desagrada, elegimos nuestra pareja, nuestra vivienda, la ropa que llevamos, si nos compramos un coche u otro, etc... De hecho, desde la infancia, decidimos elegir la parte "buena" de la vida, y despreciamos la "mala". En concreto, a esta primera elección,  Swâmi Prajnânpad se oponía diciendo: eliminamos pues la mitad de la vida que nos impide tener la experiencia de la totalidad de la vida.

Elegir es inevitable y es beneficiosos en algunos sentidos prácticos. Pero creo que debe ser valorado en su justa medida. Un árbol no elige donde vivir, un pájaro no decide que hoy va ir caminando a buscar comida y un tigre no decide comer una ensalada... y no por eso se les ve infelices. Cada uno sigue su propia naturaleza y la elección nos aleja de la nuestra. Tener en cuenta que la elección es un proceso del Ego, es el resultado de ideas preconcebidas y recuerdos. Es favorecer y mejorar la idea que tengo de nosotros mismo, de lo mio, de mi familia, mi clan, mi ciudad, mi pais, etc.

Pasear por la naturaleza y no decidir que hacer, ni que ver, sino que la naturaleza se muestre tal y como es en silencio, observar atentamente, se convierte en meditación y nos enseña que la elección es una ilusión que nos creemos y que es el resultado de unas mentes sofisticadas... No nos damos cuenta que nosotros no decidimos nada de lo importante: no decidimos hacer la digestión de los alimentos, no decidimos respirar, ni crecer, en un momento de peligro actuamos según instintos, de hecho, no decidimos nacer ni morir. Pero la ilusión de que elegimos nos da una falsa seguridad de que somos dueños de nosotros y lo que nos rodea, una visión ridícula ante la grandeza del universo que nos ha creado.

Y como hemos nombrado anteriormente a Swâmi Prajnânpad terminaré la entrada con otra frase liberadora para apaciguar y liberar la mente.

" He hecho lo que tenía que hacer, he recibido lo que tenía que recibir, he dado lo que tenía que dar."

Repitelo todas las mañana al despertarte y antes de acostarte y notarás un alivio y tranquilidad mental que te preparará para la meditación.


Las mejores frases de Krishnamurti 2ª parte.

Entre las frases más inspiradoras que he leído, he escogido algunas que me han sido de gran ayuda para saber vivir. Las escribo y espero que a todos os sirvan.



SOBRE LA MEDITACIÓN:

La meditación no es la búsqueda de una experiencia trascendental que le proporcionará gran energía para volverse más malicioso. La meditación no es un logro personal, ni sentarse cerca de Dios.


La dificultad de los seres humanos es que nunca han observado un árbol, un pájaro, sin división. Y debido a que nunca observan totalmente a un árbol ó un pájaro, no pueden observarse a sí mismos completamente.

SOBRE LA SABIDURÍA:

¿qué es la sabiduría? ¿Es la mera acumulación de conocimientos? ¿O la sabiduría llega sólo cuando cesa el sufrimiento? Después de todo, la sabiduría no está en los libros ni en el conocimiento acumulado por la experiencia de otros. Ciertamente, la sabiduría llega con la comprensión, con el descubrimiento de toda la estructura de uno mismo. En la comprensión de uno mismo están la terminación del dolor y el comienzo de la sabiduría.

Necesitamos una creencia cuando queremos escapar de un hecho hacia una irrealidad.

SOBRE EL EGO:

Entiendo por el «yo» la idea, el recuerdo, la conclusión, la experiencia, las diversas formas de las intenciones, tanto las que se pueden nombrar como las innombrables, el esfuerzo consciente de ser o de no ser esto o aquello, la memoria acumulada del inconsciente: lo racial, el grupo, el individuo, el clan, y la totalidad de ello, ya sea proyectado exteriormente en la acción o proyectado espiritualmente como virtud; el esforzarse tras todo esto es el «yo».

SOBRE LA VIDA:

Ciertamente, un hombre que comprende la vida, no necesita creencias. Un hombre que ama no tiene creencias; ama. El que tiene creencias es el hombre consumido por el intelecto, porque el intelecto está siempre buscando seguridad, protección, siempre está evitando el peligro y, por eso, engendran ideas, creencias, ideales, detrás de los que pueda protegerse.

No quiere morir porque no ha terminado su libro, o porque aún no ha aprendido a tocar el violín. Entonces separa la muerte de la vida, y dice: “Primero comprenderé la vida y después la muerte”. Sin embargo, no están separadas y eso es lo primero que debe entender. La vida y la muerte son uno, están íntimamente relacionadas, no puede aislar una y tratar de comprenderla separada de la otra.

SOBRE LA FELICIDAD:

Por la esperanza del mañana sacrificamos el hoy, sin embargo la felicidad siempre esta en el ahora.

SOBRE LA LIBERTAD:

En el momento en que deseamos ser algo o no serlo, ya no somos libres.

Señales en la vida.


Nos creemos personas racionales, personas que trabajamos y tomamos decisiones después de un sesudo y elaborado razonamiento lógico. Un razonamiento que sin dudas nos aportará la solución ante cuanquier duda. Pero seamos realmente sinceros, ¿tomamos las decisiones según la lógica? ¿Somo estrictamente racionales en la toma de decisiones importantes? ¿Sabemos todas las posibilidades y las tenemos en cuenta? Veamos un ejemplo. Hay millones de personas que han jugado a la lotería alguna vez en su vida. Según acabo de leer, la posibilidad de que a alguien le toque la lotería no es de 1 cada 100 personas que ya es muy difícil, ni de cada 1000, ni 10.000,  ni 100.000 ni siquiera 1.000.000, sino 35.000.000... 1 de cada 35 millones, toca (dicen que es más fácil que nos caiga un rayo) . Por tanto deberíamos vivir unas 9.000 vidas para que por estadística nos tocara un gran premio. Así que, por lógica, no tendría sentido jugar y gastarnos un dineral porque lo más probable sería que jugáramos toda la vida y no nos tocara nada. Pero la realidad es otra. Millones de personas juegan ante la perspectiva de un futuro sin problemas económicos.

Podríamos poner muchos ejemplos, pero con este de la lotería es suficiente para comprobar que en la toma de decisiones, y sobre todo en la toma de decisiones importantes, la lógica no es el factor decisivo. De hecho, si nos fijamos y somos sinceros con nosotros mismos, veremos que casi ninguna decisión es totalmente racional. Solamente una mínima parte esta sujeta a la lógica.

Pero no hay que asustarse. La toma de decisiones, que no siguen criterios racionales, siguen otros criterios. Estamos hablando de la sabiduría instintiva, de una sabiduría natural que nos ha acompañado desde los primeros pasos de nuestra vida y que gracias a ella estamos vivos. Esta sabiduría es acallada e incomprendida con los años y la falta de práctica. A medida que crecemos, esta sabiduría la enmudecemos con razonamientos y palabras. Aunque es cierto que a lo largo de la historia han habido personas con cierta sensibilidad, capaces de entender estas señales. Un ejemplo claro serían los seguidores del I Ching, un libro de adivinación utilizado por los primeros Taoístas y uno de los libros más importantes que dio origen a diferentes ramas filosóficas orientales, como el Zen o el Confucianismo.

Volvamos ahora a nuestro tiempo, a nuestra vida.  De hecho, son muchos los hombres de negocios, personas con poder económico que tienen que tomar decisiones "importantes" donde se juegan mucho, y que antes de decidirse, tienen en consideración, aunque con cautela, las señales que les da la vida. ¿Quien de nosotros no se ha fijado en estas señales? Acaso ante una decisión, ¿no habéis visto "algo" que habéis interpretado como algo favorable o lo contrario, que os ha hecho decidir por una u otra cosa? Un pájaro, ver a una persona, hablar sobre un tema, un recuerdo...

¿ Creéis en estas señales? ¿las tomáis en cuenta? ¿Os han ayudado?

Por si lo necesito.

Por si lo necesito, por si acaso, por si me hace falta...  El origen de la ansiedad es a veces muy sutil, casi no nos damos cuenta que plantamos la semilla de la inseguridad cuando buscamos nuestro interés y que irá creciendo y creciendo hasta hacernos tener una tenue sensación de inseguridad que debemos entender para poder superarla.
Pero, la vida esta llena de paradojas y aquí se produce una: Cuanto más seguros queremos sentirnos, más inseguros nos encontramos.

Seguramente, a más de uno le habrá pasado que preparando un viaje, a la hora de hacer la maleta, habrá metido cosas "por si acaso", quizá sean cosas que no utiliaremos, quizá sí, eso no es lo importante; lo importante es que esos varios "por si acaso" juntos, que deberían hacer sentirnos seguros, producen el efecto contrario. ¿por si acaso qué? ¿por si hace falta para qué?... ya hemos creado el problema en nuestra mente, y la sensación de que tendremos un problema al cual enfrentarnos y resolver, nos acompañará durante un tiempo. ¿Por qué sino, tenemos la sensación de que nos hemos olvidado algo?

Realmente esto es un ejemplo, simplemente para ilustrar como funciona el hombre moderno. La maleta no es un objeto físico, representa nuestra memoria, nuestra carga emocional y contra más guardemos en ella, contra más la carguemos, más inseguros nos sentiremos. 

Estamos más en el futuro que en el presente, intentamos controlarlo para disfrutarlo sin preocupaciones... pero si no nos damos cuenta, cuando llegue el futuro, volveremos a pensar en el siguiente futuro; pasando el presente sin disfrutarlo...  y aquí se produce la verdadera dificultad.
O "no nos damos cuenta" y seguimos pensando en el futuro de manera constante sin vivir el presente y así hasta que muramos, o rompemos ese bucle que hemos construido a lo largo de los años formado por: "por si lo necesito", "por si acaso", "por si me apetece", etc... y vivimos el presente.

Por que... quién es el objeto "que necesita", "que le apetece" y el cual intentamos proteger??? No es el mismo Ego? No es la raíz de la inseguridad?

Vacía tu maleta, descárgala y no retengas nada, vive la vida sin miedo.

Todo pasa, lo bueno y lo malo.

Una imagen es poco, una frase menos, ver
el salto con toda nuestra atención,
es ser uno con el salto.
Fluir como el agua. Seguramente no es la primera vez que hemos oído algo parecido, y quizá hemos hablado varias veces de esto. Pasa el 2012, pasará el 2013, pasará el tiempo, el viento, el verde de las hojas y la belleza juvenil. Todo pasa, todo cambia. Eso es así,  lo bueno y lo malo.
Pero la idea no cambia. La "idea pura" es el número matemático, las otras ideas no son reales. Y a nuestra mente le gusta las ideas, se siente segura manejando cosas que no cambian y que conoce. Es más fácil entender una idea que la realidad cambiante.
Y si la idea es conocimiento, ¿quiere decir que el conocimiento no sirve? En efecto, el conocimiento no sirve para ver la verdad. El conocimiento modifica la realidad y la pasa a través de nuestra perspectiva y por lo tanto no ofrece una comprensión total.

Kishnamurti decía: 
"Es, pues, mi opinión, mi idea, mi conocimiento respecto del hecho, lo que origina el miedo. Mientras demos más importancia a la palabra que al hecho, mientras al hecho se le dé un nombre y con ello se lo identifique o condene, mientras el pensamiento juzgue el hecho como observador, tiene que haber miedo."

Un cuento tradicional zen nos muestra como el conocimiento es el impedimento de la verdadera sabiduría cuando el maestro le hace ver al alumno que su taza está llena y no puede entrar más té. Comparando la taza  con nuestros prejuicios e ideas y el té con la sabiduría.

Y un adagio budista nos ilustra con una frase que seguro hemos oido:

El pasado es un sueño; el futuro, un espejismo; el presente, una nube que pasa.

El presente, la realidad, el hecho, es como el viento, cuando queremos agarrarlo desaparece. No podemos atraparlo con ideas o razonamientos sesudos y elaborados, no podemos clasificarlo ni valorarlo. Por eso es como el viento, como el rio. Si queremos coger el viento con la mano, quizá nos quede aire dentro del puño, pero ya no es viento. Y si se abre y no se hace esfuerzo el viento vuelve a nuestra mano.

El verdadero aprender.

Medir, clasificar, etiquetar las cosas que vemos y sentimos, es una manera de acumular conocimiento. Acumular, en el sentido de añadir algo más, a algo que ya sabemos. Si bien es cierto que esta forma de aprender es muy útil en ciertas disciplinas, es una barrera cuando queremos conocernos a nosotros mismos.

El problema de la introspección, de concentrarnos en nosotros mismos, es que:

  1. Por una parte, usar el conocimiento como medio para entenderse a uno mismo, tiene un fin, el objetivo es su propia expansión; el conocimiento se acumula sobre un centro, que es el Ego. Una actividad semejante se vuelve contradictoria y antisocial.
  2. El otro problema es que interrumpimos el conocimiento más profundo y la liberación de las experiencias. Cuando uno se encuentra en calma y "no se da cuenta de que piensa", aparecen imágenes de sueños, recuerdos reprimidos que nos están del todo resueltos, pensamientos y sentimientos olvidados en la profundidad de la mente; pero en el momento nos fijamos en ellos, se pierden. En el momento en que el subconsciente se empieza a limpiar, y por tanto empezamos a liberarnos, detenemos el proceso porque queremos clasificarlo, queremos comprenderlo y almacenarlo por algún interés... otra vez el Ego se concentra en un pensamiento, y detiene el proceso natural y sin esfuerzo que sale a la superficie para que la mente se limpie.

De esto hemos hablado alguna vez, la diferencia entre atención y concentración.

Entonces, ¿Cómo ha de originarse el estado de atención?

Este no puede ser cultivado mediante la persuasión, la comparación, la recompensa o el castigo, que son todas formas de coacción. Así, la atención surge espontáneamente cuando hay una atmósfera de bienestar, cuando se tiene la sensación de hallarse seguro, tranquilo, y advierte la acción desinteresada que llega con el amor. El amor no compara; de ese modo se terminan la envidia y la tortura del "llegar a ser".


"El profeta" de Jalil Gibrán.

Nosotros somos la fuerza, la intensidad y la grandeza de la naturaleza. Somos parte de la creación, y esa fuerza, intensidad y grandeza somos nosotros mismos. Un hombre le dijo al profeta Almustafá: "Por favor maestro, háblanos del conocimiento de uno mismo"


Y el profeta dijo:

“En silencio, vuestros corazones saben los secretos de los días y las noches.
Mas vuestros oídos ansían escuchar el eco del conocimiento de vuestro corazón.
Quisierais saber en palabras lo que siempre supisteis en el pensamiento.
Quisierais tocar con vuestros dedos el desnudo cuerpo de vuestros sueños.
Y es bueno que así sea.
El recóndito manantial de vuestra alma necesita brotar y correr murmurando hacia el mar.
Y el tesoro de vuestra profundidad infinita se revelaría entonces a vuestros ojos.
Más, no tratéis de pesar en balanzas vuestro tesoro desconocido.
No exploréis las profundidades de vuestro conocimiento con cayados ni sondas.
Porque el Yo es un mar infinito, inconmensurable.
No digáis: “He hallado la verdad”, sino: “He hallado una verdad”.
No digáis: “He encontrado la senda de mi alma”.
Decid más bien: “He encontrado el alma caminando por mi senda”
Porque el alma camina por todas las sendas.
Porque el alma no va en línea recta, el alma no crece como una caña.
El alma se despliega como un loto de innumerables pétalos.


Este es un extracto del libro de Jalil Gibrán, un poeta, pintor, novelista y ensayista libanés que mezcla los dos mundos, el oriental y el occidental. Este libro "El profeta" fue su obra cumbre. Me gustó mucho este libro cuando hace años lo leí, y creo que de entre tantos libros que publican y pasan desapercibidos, este merece... por lo menos... una entrada en este blog.

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