El esfuerzo, la concentración y la dualidad.


Una de las razones por las que el esfuerzo corriente se convierte en tan monótono e inactivo es que nuestra intención siempre desarrolla una verbalización. Cualquier sentido del deber que podamos tener siempre se verbaliza, aunque la velocidad de la mente conceptual es tan grande que quizás ni nos damos cuenta. Pero el contenido de la verbalización se siente claramente. Esta verbalización clava el esfuerzo en un marco fijo de referencia, cosa que resulta extremadamente pesado. Esto es concentración y es el resultado de nuestra experiencia, de nuestros sueños y miedos de conseguir cierta cosa.
La experiencia que ha creado al observador (idea clave de las enseñanzas de Krishnamurti y otros maestros Zen, Taoístas y budistas) es el filtro por el que observamos el mundo.
Cuando nos encontramos con algo: un paisaje, una persona... el primer destello que se produce es el sentido desnudo de dualidad, de separación. Sobre esta base, empezamos a valorar, a descartar y elegir, a tomar decisiones, a ejecutar nuestra voluntad. El observador abstracto sólo es la sensación básica de separación, la cognición plena de estar ahí antes de que se desarrolle el resto.

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