LA FELICIDAD Y EL SUFRIMIENTO. LAS DOS CARAS DE LA MISMA MONEDA.



Si yo tengo un resfriado, y no quiero estar enfermo ¿puedo curarme insultándolo? "Maldito resfriado, lárgate!, no te quiero" .... ¿no verdad? Pues esto es más o menos lo que hacemos cuando el sufrimiento es de tipo psicológico. Cuando por ejemplo tenemos miedo, somos codiciosos, envidiosos (o lo que sea) y vemos que esto nos produce miedo, tendemos a escapar y huir. No queremos ser codiciosos (por ejemplo) porque vemos que nos produce sufrimiento, decir que no quiero ser codicioso y actuar como que no lo soy, no deja de ser lo mismo que el ejemplo de insultar el resfriado. Pero en el caso de la codicia, lo que pasa es que a más intentamos no serlo, más aumenta nuestra codicia. A mayor esfuerzo, mayor será la resistencia.

Una hecho que siempre me ha llamado la atención: Cuando miramos hacia atrás en el pasado y pensamos en qué es la felicidad, aparecen recuerdos difusos, un poco como ensoñaciones, casi no nos acordamos porque esta es vivida con todo el ser. Si en cambio echamos la vista atrás y pensamos en los momentos de dolor, de sufrimientos, estos quedan claros y definidos: Sufrí mucho, lo pasé fatal y no quiero volver, no me sentía con fuerzas para hacer nada y me da miedo que me pase de nuevo, lo que me pasó fue una desgracia, etc. En seguida clasificamos el sufrimiento para tenerlo definido e intentar actuar sobre él. 

La diferencia entre los dos estados es que en los momentos de felicidad pura, nos dejamos llevar, la vivimos con intensidad, en cambio, en los momentos de sufrimiento lo que queremos es escapar, nuestra mente se divide de sí mismo para analizarse. Ponemos palabras como si fueran los hechos. Al no terminar de experimentar o vivir el estado de ánimo, como si fuera el caso de la alegría o la felicidad que sí se viven con el ser completo, el sufrimiento queda gravado como una experiencia sin terminar como algo que debe ser solucionado y que por mirar a otro lado no va a desaparecer.

Según Alan Watts, preguntar ¿Cómo se hace esto? es no entender el problema. Buscar la solución lleva consigo el deseo de deshacerse del problema, y eso no es diferente de intentar escapar o de evitarlo. Vivir o experimentar una sensación no puede ser manejado con una guía de instrucciones porque las palabras no son los hechos. Y los procedimientos y las pautas que podríamos seguir para solucionarlo viene como respuesta a haber clasificado antes el problema, el sufrimiento, dejando así de ser algo nuevo y perdiendo su capacidad de florecer y marchitarse.

Es por eso que el problema es tan difícil de solucionar como sencillo, dado que a mayor esfuerzo que hagamos para escapar del pesar o del sufrimiento, mayor será la resistencia que oponga.

Lo mismo ocurre con la felicidad, con la búsqueda de esta. Suele pasar que al huir del sufrimiento, buscamos la felicidad como un ideal, debemos ser felices y comparamos una de esta. Entonces, la búsqueda de esta empieza a ser un problema, el ansia por conseguirla se convierte en necesidad y de ahí que algunos busquen esta en diferentes entretenimientos que, acaban convirtiéndose en necesidades. Pero la felicidad no es un estado que se busque, no se llega por un camino, es el estado natural de una persona sana física, pero sobre todo mentalmente. E igual que al aparecer la luz se desvanece la oscuridad, al aparecer la felicidad, los estados de ánimos que nos producen sufrimiento (no la causa del problema en sí), también se desvanece.

2 comentarios:

  1. En todo tiene razón, pero si algunos buscan la felicidad por esa "necesidad" en entretenimientos. O no sea ese el caso, ¿Como se puede adquirir ese estado de felicidad? O salir de tal estado? O mejor expresado: como se puede ser una persona sana física y mentalmente?

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    1. Sin esfuerzo... en general, recordamos la infancia como la época en que la vida era más vida. ¿Crees que un niño se esforzaba por ser feliz? o ¿simplemente vivía? lloraba cuando quería y reía o corría cuando quería. El niño no se esfuerza por ser feliz, vive la vida sin restricciones en el sentido del observador que se observa a sí mismo... ahí está la clave, en ver como el esfuerzo es el fruto del condicionamiento que hemos acumulado.

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