EL FLUIR Y LA NECESIDAD.


Se dice que nada en este mundo es eterno, que nada es para siempre. Y eso es cierto, excepto por una cosa: nada es para siempre excepto el cambio. Todo va cambiando, quizá no nos demos cuenta, pero todo el universo fluye, a escalas temporales inconcebibles para nosotros, a tamaños muy grandes, como son las galaxias o muy pequeños como son las partículas subatómicas. Pero nada, nunca, jamás, está siempre en el mismo estado. Y este cambio, nunca se detiene, ese cambio es eterno y es el proceso resultantes de infinitas influencias que ni siquiera conocemos.

En la filosofía oriental, se hacen referencias al fluir del agua, del río, de los árboles elásticos que se adaptan al viento cambiante, etc... bellas y naturales metáforas que apuntan a un cierto defecto de nuestra conciencia. Para el sabio, está claro que nuestra incapacidad para observar el mundo tal y como es, se debe a nuestro juego con las ideas. Las ideas, como los números, son solo abstracciones del mundo real, y por tanto no son la realidad... hasta ahí está claro. Por supuesto que las ideas son útiles, pero deben permanecer en su lugar, son convencionalismos sociales y/o individuales que utilizamos para expresarnos o incluso para intuir el mundo como es (según nosotros). Las ideas son fáciles de manejar, son estáticas y no cambian, por lo cual podemos echar mano de ellas y utilizarlas cuando queramos para preveer el mundo. Y dado que el mundo está siempre en continuo cambio, tomar las ideas nos ayuda a "interpretarlo y manejarlo".
Que coloquemos las ideas en lugar de la realidad, es el resultado de la observación y la experiencia. Quiero decir, si yo veo que después de la noche sale el Sol, y eso lo veo una y otra vez, voy a dar por supuesto que después de la noche va a salir el Sol. Eso nadie lo puede discutir "después de la noche, viene el día". Y ese hecho, lo tomamos como una realidad inamovible. No  discuto el hecho de que mañana va a salir el Sol, sino el proceso por el cual, adquirimos un conocimiento, lo interiorizamos con palabras, y luego empieza a formar parte de nuestra realidad. ¿por qué digo nuestra realidad? Porque la afirmación "después de la noche, viene el día", si dejamos de verla a través de nuestro condicionamiento, vemos que es solo una afirmación subjetiva. Solamente existe en nuestra escala temporal, en nuestro planeta, e incluso en nuestras latitudes (en el polo norte, hay días y días seguidos sin ponerse el Sol). La realidad es como es, pero esta es cambiante. Es una afirmación no tan distinta a la que se decía hace 500 años: El Sol gira alrededor de la Tierra. 

Puestas las ideas, la verbalización en un lugar privilegiado, suceden dos aspectos importantes:

La formación del Ego. A medida que crecemos, y según las experiencias vividas, según la sociedad que nos rodee, según el nombre que nos pongan o el aspecto que tengamos, o lo que sea... nos vamos haciendo una idea de nosotros mismos. Esto quiere decir, que de nosotros, que seguimos siendo un organismo interconectado al universo y cambiante, extraemos una idea de nosotros mismos: extraemos la idea del YO. Aquí se da el primer error de conciencia, nos vemos a nosotros mismos como una entidad propia, nos vemos como Pepito, Juanito o lo que sea. Y esta personalidad que acabamos de concienciar es solo una idea, sin realidad... aunque para nosotros sí es real. Además, está ligada al proceso de autoprotección física para convertirse en autoprotección como objetivo. Esto quiere decir, que quizá en los procesos de aprendizaje, de supervivencia, empezamos a saber que cierto aspecto nos puede hacer daño y por tanto es conveniente preveer. Un ejemplo muy claro: imaginemos que de pequeños, al acercarnos al fuego, vemos que nos quema y nos hace daño, esto se queda grabado en nuestra memoria, y este aprendizaje es útil para nuestra supervivencia. La experiencia nos sirve como un mecanismo de supervivencia y es beneficioso... pero el siguiente paso, es el de que nuestra conciencia, superdesarrollada comparada con la de otros seres vivos, que empieza a crear una imagen de nosotros mismos, y por tanto una serie de escudo no para protegernos físicamente del fuego, sino para no dañarnos emocionalmente. Esto quiere decir, no dañar la idea que tenemos de nosotros mismos. Por tanto, la idea de nosotros mismos, está vinculada a nuestro cuerpo físico. Por tanto, está vinculada a la necesidad de protección y supervivencia, y la palabra clave, es la "necesidad", mientras no hay necesidad, no hay exigencias, ni de evitar el dolor y ni de perseguir el placer. Y al ser tomados como idea, separada del cuerpo, aparecen creencias basadas en la "necesidad" de reconfortar la idea de uno mismo.  

Dejamos de vivir. Quizá todo lo dicho anteriormente suene un poco desolador. Pero siendo serios, esto no deja de ser una valoración filtrada por nuestro egoísmo. Es tan limitada y a la vez tan sobrevalorada nuestra conciencia que nos es casi imposible ver algo más. Los sabios que han "podido" abrir sus horizontes de conciencia, saben que de desolador no hay nada. No lo explican, no lo expresan con palabras, no dan directrices que seguir porque si hubiera que seguir un camino, habría una intención y motivación fruto de nuestro Ego... y este es quizá, el punto más difícil de resolver de todos aquellos que buscan algo más.

Dejando eso a parte, es importante darse cuenta, que jugar con ideas, no es estar más vivo que un ordenador. Puede producirnos placer, entretenimiento, consuelo, etc.. pero mientras estemos centrados en los juegos de ideas, estaremos ciegos a la realidad. Erich Fromm, un destacado psicoanalista, psicólogo social y filósofo humanista lo explicaba de la siguiente manera (con mis palabras): a la hora de ver una flor, decimos que es una rosa, y durante se produce el parloteo rápido y casi imperceptible de la "rosa", dejamos de observar la flor.
Si esto se repite de forma casi infinita con nuestra ideas, con nuestros pensamientos, estaremos dejando de apreciar el mundo tal y como es. Estaremos viendo el mundo según nuestra experiencia, según nuestros datos y por tanto, el mundo dejará de mostrarse grande, apasionado, bello y de una inmensidad inconmensurable. Ante tal belleza, es posible cuestionarse qué es vivir... si aquello cuadriculado y medido que es lo que pensamos, o si es el gran mundo con infinitas cosas por descubrir para el buscador sin intención.

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